miércoles, 18 de enero de 2017

INTRODUCCIÓN

Para comprender el sentido de la actuación de un profesor es importante ubicar su función dentro de las finalidades propias de una organización particular como es la  educativa. Organización que adopta su sentido en la medida que actúa, desde una perspectiva de mejora. La institución educativa es un espacio de realización que tiene un papel determinante en relación con los procesos de innovación porque en ella trabaja el profesorado, y es en ella donde construye el sentido de sus prácticas profesionales, así como sus propuestas de cambio.
La meta de la mejora en educación, no es otra que la formación de ciudadanos críticos y transformadores, en una escuela con unos profesores que mantienen y trabajan por valores como la equidad y el éxito para todos, dentro de un proyecto cultural y social (Escuelas democráticas). Entendiendo por escuelas democráticas los planeamientos recogidos en el discurso defendido por Dewey (1995), Apple y Beane (2005), y por José Gimeno (2001), Amador Guarro (2005, 2002) y Juan Manuel Escudero y María Teresa González (2000), en nuestro contexto nacional.
En este sentido partimos de la idea de que ejercer una profesión implica contar con un conocimiento especializado tanto sobre técnicas y procedimientos como sobre aspectos ideológicos y filosóficos que afectan al propio sentido y finalidades de la educación. La tarea del profesorado transciende a cuestiones estrictamente técnicas, ya que el profesor no es un simple técnico que aplica el conocimiento científico generado externamente, reduciéndose por tanto, la actividad profesional a una actividad de tipo instrumental.
Por el contrario su actividad tiene relación con aspectos como el tipo de valores y supuestos que pueden subyacer a los contextos, sujetos, y contenidos de la práctica educativa. A su vez, implica responder a una compleja tarea caracterizada por que no hay problemas, sino situaciones problemáticas que suceden en contextos particulares, con resultados imprevisibles y cargada de conflictos de valor que requieren la adopción de una posición. Estamos reconociendo el valor de los que han sido denominados planteamientos de corte deliberativo, crítico y reflexivo (Perrenoud, 2004).
Debido a que la labor docente se desarrolla en un contexto social definido como democrático, al menos formalmente, pero reconociendo que la construcción de la democracia es una tarea inacabada, y en la que la educación tiene que contribuir decididamente, se hace necesario clarificar qué significa que el profesor ha de ejercer como un “profesional democrático”. Nos parece clarificador el modo en el que lo plantea Mariano Fernández Enguita (2000: 85), al destacar que “la principal característica de un profesional democrático sería «el compromiso con los fines de la educación, con la educación como servicio públicopara el público (igualitario, en vez de discriminatorio) y con el público (participativo, en vez de impuesto)», por oposición a un profesional tanto liberal como burocrático, en el que no se destacaría el componente colaborativo” en su desarrollo profesional al asumir y aceptar la necesidad de un trabajo colectivo, y colegiado dentro de la institución educativa.
Estamos en sintonía con un lema que desde la UNESCO se está impulsando hace años y que está recorriendo los países de nuestro entorno, “educación de calidad para todos”, entendiendo la calidad como un compromiso por el éxito de todos los estudiantes.

EL PERFIL Y LAS COMPETENCIAS DEL PROFESOR EN UNA ÉPOCA DE INCERTIDUMBRE Y CAMBIO. NUEVOS RETOS DE LA FUNCIÓN DOCENTE.

Para poder comprender en profundidad los cambios que está viviendo actualmente la función docente en la escuela, resulta imprescindible situarse en unas coordenadas socio-económicas y culturales más generales en las que destacan nuevas incertidumbres respecto a la profesión docente (Tedesco y Tenti, 2002); (Fernández Enquita, 2001);
(Stoll y Fink, 2004).
Consideramos imprescindible situar la actividad profesional de un profesor dentro de un contexto social amplio donde se desarrolla la educación estando ésta sometida a procesos como la Globalización, la Sociedad del Conocimiento, y las paradojas a las que nos somete una sociedad que ha sido definida como post-moderna. La sociedad del conocimiento nos presenta un escenario de tratamiento del conocimiento con repercusiones amplias en los roles y las relaciones entre las personas, tanto dentro como fuera del seno de las distintas instituciones que cumplen una función social: la información, se procesa con mayor rapidez, el acceso y la divulgación que las nuevas tecnologías son capaces de ofrecer a una población mundial conectada a distintas redes telemáticas que facilitan la comunicación instantánea. La globalización puede ser entendida como el conjunto de procesos económicos, tecnológicos y sociales que definen el nuevo orden mundial y determinan la conciencia creciente de dichos procesos como un todo (Bolívar, 2000). La globalización comporta entre otros aspectos una reconversión de la escuela (roles y relaciones), y por tanto una redefinición de la profesión docente. Las relaciones en la escuela no pueden ser entendidas desde parámetros de aislamiento y soledad profesional sino en el desarrollo de habilidades para trabajar en grupo, para coordinarse, para contribuir al desarrollo de comunidades de aprendizaje Recientemente, Stoll y Fink (2004) han realizado una propuesta de mucho interés para situar el contenido del aprendizaje de los profesores para educar a alumnos en el siglo XXI. Plantean que son siete los aprendizajes básicos:
  • Comprender el aprendizaje. Significa conectar con el conocimiento que permanentemente se está generando sobre el aprendizaje del alumnado.
  • Conocimiento de contenidos. Implica la tarea de ponerse al día y actualizarse en relación con los contenidos específicos de la disciplina.
  • Comprensión pedagógica. Tiene que ver con unir la comprensión del aprendizaje del alumnado con el conocimiento de contenidos para desarrollar una enseñanza eficaz.
  • Comprensión de emociones. Supone reconocer que el aprendizaje es una tarea emocional y por tanto los docentes tienen que aprender a conocer las repuestas emocionales del alumnado, y a crear compromisos emocionales y lazos con y entre los alumnos.
  • Conocer los fundamentos del cambio. Los docentes necesitan saber qué puede suceder en el futuro para ubicar su tarea, pero también tienen que saber manejar la incertidumbre y el conflicto.
  • Nuevo profesionalismo. A partir de reconocer la enorme dependencia de lo que  ocurre en los centros con el entorno, implica saber crear y formar parte de un modo responsable de una comunidad. Pero también estar dispuesto a mantener un enfoque profesional orientado a la investigación sobre el trabajo.
  • Meta-aprendizaje. Supone estar dispuesto y convertir en una rutina mental la reflexión sobre el propio aprendizaje 

viernes, 13 de enero de 2017

LOS PRINCIPALES ÁMBITOS DE ACTUACIÓN DEL PROFESOR.


A partir de una visión amplia de la profesión docente al servicio de una educación de calidad para todos, el profesor Juan Manuel Escudero (2006) ha establecido un marco para articular las competencias de los docentes alrededor de cuatro ejes o dimensiones:
1.        Ideología, valores, creencias y compromisos con una ética de la justicia y crítica sobre la educación caracterizada por el imperativo de perseguir una buena educación para todos.
  • ética profesional. Conocimientos y capacidades docentes para facilitar el éxito escolar de todos los estudiantes.
  • ética de relación educativa basa en el respeto, cuidado, responsabilidad y amor.
  • ética comunitaria democrática para el trabajo con los colegas, con el centro escolar, las familias y la comunidad. Utilizando como referente este marco general vamos a operatividad el trabajo del docente en tres campos de actuación. Como veremos las cuatro dimensiones deben estar presentes en la acción educativa pero seguramente la primera actuará en el transfundo de las demás orientándolas y contribuyendo a dar sentido a las mismas.                                                               
El profesorado constituye el sector “especializado” de la comunidad educativa y como señala Salvador (1995) actúa en tres campos dentro de la estructura del sistema educativo: ejecutivo, instructivo y formativo. Éste ha sido un segundo referente utilizado por nosotros para fundamentar y categorizar los tres niveles en los que se podría agrupar las actuaciones de un profesor como profesional de la enseñanza.
·        Facilitador del aprendizaje. Nos sitúa en una visión del profesor en la que aun llevando la dirección de los procesos de enseñanza pretende transferirle la responsabilidad y el protagonismo del aprendizaje al propio alumno. Será responsabilidad del profesor responsabilizarse del aprendizaje del alumnado a través de la planificación y desarrollo de actividades de enseñanza.
·               Orientador y de gestor de la convivencia. Donde se destaca el papel formativo del profesor. La tarea de un profesor adquiere mayor relevancia y se completa cuando realiza tareas de orientación al alumnado, siendo la finalidad de ésta, el contribuir a su desarrollo integral con la finalidad de capacitarle para un aprendizaje autónomo y una participación activa, crítica y transformadora en la sociedad.
    Miembro de una organización. El profesor se encuentra integrado dentro de una estructura organizativa en la que existen una serie de normas y unas relaciones jerárquicas y, además debe asumir unas responsabilidades de índole legal y laboral. Gairín (1989) a este campo lo denomina de gestión y le atribuye tareas de tipo administrativo, directivo o de representación. Deliberadamente hemos querido huir del término ejecutivo que utiliza Salvador (1995), en la medida que es un término acuñado desde ámbito empresarial, y la función docente posee características propias que, como hemos comentado, la diferencian de otro tipo de organizaciones.